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Miércoles, 26 de Noviembre de 2014 Tiempo de lectura:

La N-332 y la crisis en Benissa

Cada vez que circulo por la N-332 en Benissa, también llamada avenida del País Valenciano, siento una profunda tristeza. Seguro que más de un lector comparte este sentir cuando al recorrer el trayecto que vertebra en dos nuestro pueblo ve la gran cantidad de locales comerciales cerrados o en estado de abandono, que algún día fueron negocios en funcionamiento.

 

[Img #16689]Esta vial, ha pasado a ser algo así como un museo de los efectos de las crisis en nuestro pueblo. Las viejas marquesinas borradas, los cristales sucios, dentro; los papeles en el suelo y en definitiva, los restos de lo que un día fueron comercios de toda clase, son una de las notas más predominante en los casi 1,5 kilómetros de travesía urbana de la N-332 a su paso por Benissa.

 

La gran crisis que azota al País Valenciano y a toda España desde el año 2008, ha dejado a millones de familias en situación de exclusión, ha subido las cifras de paro, ha disminuido el consumo, ha exiliado a cientos de miles de jóvenes al resto de Europa, y sí, también ha bajado muchas persianas comerciales. Que les voy a contar.

 

Pero más allá del desastre general, hay algo que me llama poderosamente la atención, en Teulada, Xaló, Moraira, Calp, poblaciones que como todas, han sido golpeadas por esta crisis, es prácticamente imposible hallar una avenida con tantos negocios vacíos como nuestra querida y malograda Avenida del País Valenciano.

 

¿Es nuestra ciudad un rincón donde la mala suerte campa a sus anchas?

 

Discúlpenme, pero yo creo que NO. Todo suele tener una explicación lógica. Y creo que hay algo que nos diferencia (para mal) de otras poblaciones vecinas.

 

Una crisis local

 

Las características más visibles de esta crisis local son: una ausencia de modelo económico creíble, una absoluta falta de ideas y de iniciativas eficaces para atajar los problemas de la ciudadanía, una pérdida del contacto con el pueblo, y una total falta de voluntad de cambio en una época que precisamente requiere decisiones rápidas y decididas.

 

Y esto no es un invento mío; es una realidad que han venido denunciando numerosas voces de nuestro municipio a lo largo de estos años y que comparto plenamente.

 

No les voy a decir que un gobierno de otras siglas pudiera cambiar esta situación de un día para otro, ya que no en absoluto, una tarea fácil.

 

Y no pretendo con esta apreciación aliviar las conciencias de los señores del actual gobierno (que llevan 15 años ininterrumpidos); precisamente es difícil, porque HOY el margen de maniobra es  reducido, pero no lo era tanto cuando la crisis no existía y ustedes con una negligente visión corto-placista no crearon alternativas sólidas al jugoso modelo del ladrillo.

 

Pero hay salida

 

¿Saben por qué? Porque hay  gente capaz, porque no dejan de salir nuevas propuestas ciudadanas y políticas; y porque hay gente con ganas de cambiar las cosas, solo hay que escucharla.

 

Y sobretodo, y fundamental porque tenemos lo más importante; multitud de encantos paisajísticos, históricos y gastronómicos y un capital humano aún más valioso.

 

Necesitamos un ayuntamiento diferente. Que reconozca la realidad, que observe lo que pasa en la calle y que reaccione en consecuencia. Que escuche a la ciudadanía y que trabaje entre muchas otras cosas, en la construcción de una estrategia económica para poder respaldar a los pequeños comerciantes, para que puedan sortear la crisis.

 

Cuando esto ocurra, además, seguramente estaremos un poco, sólo un poco, más cerca de volver a  ver las luces encendidas de nuevos comercios en las calles y avenidas de nuestro pueblo.

 

Fernando López

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