Llíber se niega a dejar que l’Escaldà se convierta en una fotografía antigua
Las participantes extienden el moscatel sobre los cañizos tras su paso por la caldera.
La Fira del Llaurador volvió a vivir este domingo su acto más simbólico, una tradición ligada durante generaciones al moscatel y a la elaboración de la pasa que hoy sobrevive en muy pocos lugares de la Marina Alta
![[Img #36845]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/6288_el-moscatel-se-introduce-durante-unos-segundos-en-la-caldera-uno-de-los-momentos-esenciales-del-proceso-tradicional-de-lescalda.jpg)
Hay una fotografía antigua en el Forn d’Escaldar de Llíber. En ella aparecen los cañizos extendidos frente a un riurau, hombres trabajando, capazos, utensilios y la caldera. La imagen, procedente del Museu Valencià d’Etnologia, podría contemplarse simplemente como el testimonio de una Marina Alta que desapareció.
![[Img #36838]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/4435_lliber-escalda-museu-valencia-etnologia.jpg)
Pero en Llíber basta apartar la mirada del panel para comprobar que la historia todavía respira.
Este domingo 6 de septiembre, el humo volvió a levantarse junto a la caldera, las uvas de moscatel volvieron a entrar durante unos segundos en el agua hirviendo y los cañizos se llenaron de racimos destinados a convertirse en pasa. L’Escaldà volvió a ser el corazón de la Fira del Llaurador, pero también algo más importante: la demostración de que una tradición puede dejar de ser cotidiana sin convertirse necesariamente en un recuerdo.
![[Img #36840]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/2851_lliber-carreters-transport-raim.jpg)
Del campo a la caldera
La jornada había comenzado a primera hora. A las nueve de la mañana, la actividad se trasladó hasta el riurau del Ganxo, donde el moscatel cortado previamente esperaba para iniciar el camino que generaciones de vecinos de Llíber conocieron perfectamente.
Els Carreters de Llíber, acompañados por sus animales, participaron de nuevo en ese traslado de la uva. Una escena que hoy atrae cámaras y curiosidad, pero que durante décadas no tuvo nada de excepcional: formaba parte del trabajo.
El alcalde de Llíber, José Juan Reus, recordaba precisamente esa vinculación personal con la pasa. En su casa, explicó, la habían elaborado sus abuelos, sus padres e incluso él mismo. Para Reus, la Fira del Llaurador está directamente relacionada con lo que históricamente ha sido Llíber, un municipio marcado por el cultivo del moscatel, los riuraus, los sequers, los hornos y las calderas.
La llegada del moscatel devolvió después el protagonismo al Forn d’Escaldar y, especialmente, a las mujeres de Llíber, mayores y jóvenes, encargadas de extender cuidadosamente la uva sobre los cañizos.
No era un gesto decorativo para acompañar una fiesta.
Era exactamente una de las labores necesarias para que la pasa pudiera existir.
![[Img #36841]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/8998_lliber-escalda-raim-canissos.jpg)
Unos segundos que cambian la uva
Ante el público, la caldera permitió volver a explicar uno de esos conocimientos transmitidos durante generaciones sin manuales.
Al agua se incorpora sosa, cuya función es producir pequeñas incisiones en la piel del grano para facilitar posteriormente su secado. La cantidad debe ser precisa: un corte excesivo podía aumentar el riesgo de que la uva se estropeara si cambiaba el tiempo. Después de las primeras pruebas, eran las propias mujeres encargadas del proceso quienes comprobaban si la piel había quedado correctamente tratada y si era necesario ajustar la mezcla.
Una vez preparada, la uva se introduce en la cassa y se sumerge apenas unos segundos en la caldera.
Sale de allí todavía siendo moscatel, pero comienza ya su transformación en pasa.
Y después llegan los cañizos.
El propio alcalde explicó también la función de los espinatells, estructuras utilizadas tradicionalmente en los sequers para resguardar los cañizos de la humedad de la noche, del rocío o de la lluvia durante el proceso de secado.
Pequeños conocimientos que durante siglos resultaron obvios para quienes vivían de la tierra y que ahora necesitan ser explicados para no desaparecer con quienes todavía los conocen.
![[Img #36842]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/8231_lliber-pansa-raim-assecat-canissos.jpg)
Una tradición que ya tiene nombres y apellidos
Ahí reside seguramente el verdadero valor de l’Escaldà de Llíber.
No se trata únicamente de representar cómo se hacía la pasa.
![[Img #36844]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/2438_lliber-vinya-jose-juan-reus.jpg)
Según explicó José Juan Reus, en Llíber todavía queda una familia que continúa elaborándola, la familia Ovidio, que el alcalde señaló como la única que mantiene actualmente esta actividad en la Marina Alta. Su trabajo despierta incluso la visita de personas que quieren presenciar cómo se escalda cuando llega el momento.
Ese dato transforma por completo la mirada sobre la fiesta.
Porque cuando queda una sola familia manteniendo un oficio, conservar la tradición deja de ser únicamente una cuestión de nostalgia.
Empieza a ser una carrera contra el tiempo.
![[Img #36843]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/3934_lliber-vinya-daniel-paniego.jpg)
El concejal de Fiestas, Daniel Paniego, resumió precisamente ese propósito al señalar que la Fira se organiza para que Llíber no pierda sus raíces y para que aquello que hicieron durante toda la vida las generaciones anteriores pueda continuar siendo conocido por las nuevas.
Y Reus insistió en una idea parecida durante l’Escaldà: no basta con repetir lo que se hacía antiguamente. El objetivo es mantener la esencia de la pasa, transmitirla y permitir que la gente pueda disfrutarla y comprenderla.
Por eso quienes se acercaron este domingo no tuvieron que limitarse a observar. El Ayuntamiento volvió a invitar al público a participar y a probar personalmente el proceso de introducir el moscatel en la caldera. Para el alcalde, esa experiencia permite que quien visita Llíber se marche llevando consigo algo más que fotografías.
La Fira continuó alrededor de su corazón
L’Escaldà fue el centro de una jornada que, sin embargo, continuó durante todo el domingo con el mercado, demostraciones de llata, antiguos oficios, cetrería, granja y paseo de ocas, rocódromo, tirolina, tiro con arco, música, pasacalles, cuentacuentos y actividades infantiles.
Por la tarde, la programación recuperó el ambiente del mercado y las demostraciones antes de la actuación del Grup de Danses La Llata y de los diferentes espectáculos itinerantes. El fuego de Dimonis de Foc puso el cierre nocturno a la Fira del Llaurador.
Pero, entre todas esas actividades, la imagen que explica verdaderamente lo ocurrido este domingo quizás sea otra.
La de una fotografía antigua expuesta en el Forn d’Escaldar y, apenas a unos metros, mujeres volviendo a extender moscatel sobre los cañizos mientras el humo sale de la caldera.
Pasado y presente separados únicamente por unos pasos.
Porque probablemente llegue un día en que nadie pueda evitar que algunas tradiciones desaparezcan. Lo que Llíber está intentando es que, cuando eso ocurra, no sea porque dejaron de transmitirse.
Las participantes extienden el moscatel sobre los cañizos tras su paso por la caldera.![[Img #36845]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/6288_el-moscatel-se-introduce-durante-unos-segundos-en-la-caldera-uno-de-los-momentos-esenciales-del-proceso-tradicional-de-lescalda.jpg)
Hay una fotografía antigua en el Forn d’Escaldar de Llíber. En ella aparecen los cañizos extendidos frente a un riurau, hombres trabajando, capazos, utensilios y la caldera. La imagen, procedente del Museu Valencià d’Etnologia, podría contemplarse simplemente como el testimonio de una Marina Alta que desapareció.
![[Img #36838]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/4435_lliber-escalda-museu-valencia-etnologia.jpg)
Pero en Llíber basta apartar la mirada del panel para comprobar que la historia todavía respira.
Este domingo 6 de septiembre, el humo volvió a levantarse junto a la caldera, las uvas de moscatel volvieron a entrar durante unos segundos en el agua hirviendo y los cañizos se llenaron de racimos destinados a convertirse en pasa. L’Escaldà volvió a ser el corazón de la Fira del Llaurador, pero también algo más importante: la demostración de que una tradición puede dejar de ser cotidiana sin convertirse necesariamente en un recuerdo.
![[Img #36840]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/2851_lliber-carreters-transport-raim.jpg)
Del campo a la caldera
La jornada había comenzado a primera hora. A las nueve de la mañana, la actividad se trasladó hasta el riurau del Ganxo, donde el moscatel cortado previamente esperaba para iniciar el camino que generaciones de vecinos de Llíber conocieron perfectamente.
Els Carreters de Llíber, acompañados por sus animales, participaron de nuevo en ese traslado de la uva. Una escena que hoy atrae cámaras y curiosidad, pero que durante décadas no tuvo nada de excepcional: formaba parte del trabajo.
El alcalde de Llíber, José Juan Reus, recordaba precisamente esa vinculación personal con la pasa. En su casa, explicó, la habían elaborado sus abuelos, sus padres e incluso él mismo. Para Reus, la Fira del Llaurador está directamente relacionada con lo que históricamente ha sido Llíber, un municipio marcado por el cultivo del moscatel, los riuraus, los sequers, los hornos y las calderas.
La llegada del moscatel devolvió después el protagonismo al Forn d’Escaldar y, especialmente, a las mujeres de Llíber, mayores y jóvenes, encargadas de extender cuidadosamente la uva sobre los cañizos.
No era un gesto decorativo para acompañar una fiesta.
Era exactamente una de las labores necesarias para que la pasa pudiera existir.
![[Img #36841]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/8998_lliber-escalda-raim-canissos.jpg)
Unos segundos que cambian la uva
Ante el público, la caldera permitió volver a explicar uno de esos conocimientos transmitidos durante generaciones sin manuales.
Al agua se incorpora sosa, cuya función es producir pequeñas incisiones en la piel del grano para facilitar posteriormente su secado. La cantidad debe ser precisa: un corte excesivo podía aumentar el riesgo de que la uva se estropeara si cambiaba el tiempo. Después de las primeras pruebas, eran las propias mujeres encargadas del proceso quienes comprobaban si la piel había quedado correctamente tratada y si era necesario ajustar la mezcla.
Una vez preparada, la uva se introduce en la cassa y se sumerge apenas unos segundos en la caldera.
Sale de allí todavía siendo moscatel, pero comienza ya su transformación en pasa.
Y después llegan los cañizos.
El propio alcalde explicó también la función de los espinatells, estructuras utilizadas tradicionalmente en los sequers para resguardar los cañizos de la humedad de la noche, del rocío o de la lluvia durante el proceso de secado.
Pequeños conocimientos que durante siglos resultaron obvios para quienes vivían de la tierra y que ahora necesitan ser explicados para no desaparecer con quienes todavía los conocen.
![[Img #36842]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/8231_lliber-pansa-raim-assecat-canissos.jpg)
Una tradición que ya tiene nombres y apellidos
Ahí reside seguramente el verdadero valor de l’Escaldà de Llíber.
No se trata únicamente de representar cómo se hacía la pasa.
![[Img #36844]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/2438_lliber-vinya-jose-juan-reus.jpg)
Según explicó José Juan Reus, en Llíber todavía queda una familia que continúa elaborándola, la familia Ovidio, que el alcalde señaló como la única que mantiene actualmente esta actividad en la Marina Alta. Su trabajo despierta incluso la visita de personas que quieren presenciar cómo se escalda cuando llega el momento.
Ese dato transforma por completo la mirada sobre la fiesta.
Porque cuando queda una sola familia manteniendo un oficio, conservar la tradición deja de ser únicamente una cuestión de nostalgia.
Empieza a ser una carrera contra el tiempo.
![[Img #36843]](https://benissadigital.es/upload/images/09_2026/3934_lliber-vinya-daniel-paniego.jpg)
El concejal de Fiestas, Daniel Paniego, resumió precisamente ese propósito al señalar que la Fira se organiza para que Llíber no pierda sus raíces y para que aquello que hicieron durante toda la vida las generaciones anteriores pueda continuar siendo conocido por las nuevas.
Y Reus insistió en una idea parecida durante l’Escaldà: no basta con repetir lo que se hacía antiguamente. El objetivo es mantener la esencia de la pasa, transmitirla y permitir que la gente pueda disfrutarla y comprenderla.
Por eso quienes se acercaron este domingo no tuvieron que limitarse a observar. El Ayuntamiento volvió a invitar al público a participar y a probar personalmente el proceso de introducir el moscatel en la caldera. Para el alcalde, esa experiencia permite que quien visita Llíber se marche llevando consigo algo más que fotografías.
La Fira continuó alrededor de su corazón
L’Escaldà fue el centro de una jornada que, sin embargo, continuó durante todo el domingo con el mercado, demostraciones de llata, antiguos oficios, cetrería, granja y paseo de ocas, rocódromo, tirolina, tiro con arco, música, pasacalles, cuentacuentos y actividades infantiles.
Por la tarde, la programación recuperó el ambiente del mercado y las demostraciones antes de la actuación del Grup de Danses La Llata y de los diferentes espectáculos itinerantes. El fuego de Dimonis de Foc puso el cierre nocturno a la Fira del Llaurador.
Pero, entre todas esas actividades, la imagen que explica verdaderamente lo ocurrido este domingo quizás sea otra.
La de una fotografía antigua expuesta en el Forn d’Escaldar y, apenas a unos metros, mujeres volviendo a extender moscatel sobre los cañizos mientras el humo sale de la caldera.
Pasado y presente separados únicamente por unos pasos.
Porque probablemente llegue un día en que nadie pueda evitar que algunas tradiciones desaparezcan. Lo que Llíber está intentando es que, cuando eso ocurra, no sea porque dejaron de transmitirse.

















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