Jueves, 27 de Agosto de 2026

Actualizada Jueves, 27 de Agosto de 2026 a las 10:25:46 horas

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UNA EXPEDICIÓN DE CINCO DÍAS HASTA LOS 5.895 METROS

Un sueño en el techo de África: el Margalló corona el Kilimanjaro en su 50 aniversario

Katrin, José, Andreu, Adrián, Francesc y Miguel Ángel Soliveres alcanzan Uhuru Peak tras completar la exigente ruta Machame, acompañados por un equipo local de 25 personas

La bandera del 50 aniversario del Margalló llegó al punto más alto de África junto a los seis expedicionarios.La bandera del 50 aniversario del Margalló llegó al punto más alto de África junto a los seis expedicionarios.

Seis integrantes del Grup de Muntanya Margalló de Benissa han llevado la bandera de su 50 aniversario hasta el techo de África. Cinco días de ascenso, una noche decisiva y dos ritmos distintos condujeron a todos hasta la misma cima: Uhuru Peak, a 5.895 metros.

Hay sueños que no nacen de un impulso, sino que crecen durante años. Se entrenan en silencio, se imaginan una y otra vez y esperan su momento. Para seis integrantes del Grup de Muntanya Margalló de Benissa, ese momento llegó en el Kilimanjaro, donde la montaña más alta de África terminó convirtiéndose en el escenario de una emoción largamente perseguida.

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Katrin, José, Andreu, Adrián, Francesc y Miguel Ángel Soliveres emprendieron la ascensión por la ruta Machame. Fueron cinco días para ganar altura y uno para regresar, atravesando paisajes que cambian a cada etapa: la vegetación húmeda de los primeros tramos, los terrenos volcánicos, la piedra desnuda y, finalmente, el frío y la falta de oxígeno que dominan las cotas superiores.

 

El grupo reunía distintas procedencias, pero una misma forma de entender la montaña. Katrin, José y Miguel Ángel son de Benissa; Francesc, de Parcent; Andreu, de Gata de Gorgos; y Adrián, natural de Madrid, reside en Castelló. Todos forman parte del Margalló y todos compartían el reto de llevar hasta lo más alto una historia colectiva que este año cumple medio siglo.

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La bandera del 50 aniversario apareció en las fotografías de la cima como algo más que un emblema. En ella viajaban las excursiones, las sendas, las paredes escaladas, las carreras y las amistades construidas por generaciones del club desde 1976. A 5.895 metros, aquella tela sostenida entre guantes resumía cincuenta años de pasión por la montaña nacida en Benissa.

 

“Una ilusión y un sueño de hace muchos años que se ha cumplido”

MIGUEL ÁNGEL SOLIVERES

 

Así resume Miguel Ángel Soliveres, presidente del Grup de Muntanya Margalló de Benissa, una experiencia que dejó imágenes de celebración, pero también muchas horas de esfuerzo lejos de la cámara. Porque el Kilimanjaro no exige únicamente piernas: obliga a gestionar el cansancio, el frío, la incertidumbre y el efecto de la altitud.

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Soliveres define la Machame como una ruta «dura y exigente física y mentalmente». La progresión durante los días previos permitió al grupo aclimatarse, avanzar sin precipitación y reservar fuerzas para la jornada más comprometida: el ataque final a la cima.

 

La expedición avanzó durante cinco días por la ruta Machame antes de afrontar el descenso en una única jornada.

 

Ese día comenzó cuando el reloj marcaba las doce de la noche. Con los frontales abriendo un pequeño pasillo de luz en la oscuridad, cada paso se convirtió en una decisión consciente. Arriba estaba Uhuru Peak; alrededor, la noche africana; dentro de cada uno, la lucha por conservar el ritmo y continuar ganando metros.

 

Fue entonces cuando los seis montañeros se organizaron en dos grupos según su ritmo. Katrin, José, Andreu y Adrián formaron el primero y alcanzaron la cima después de seis horas y media de ascenso. Francesc y Miguel Ángel integraron el segundo y llegaron tras diez horas. No fueron dos expediciones ni dos logros diferentes: fueron dos maneras de administrar el mismo esfuerzo para que todos pudieran cumplir el objetivo con seguridad.

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“Hicimos dos grupos; unos están más fuertes que otros. El primer grupo tardó seis horas y media en llegar a la cima y el segundo, diez”

MIGUEL ÁNGEL SOLIVERES

 

La diferencia de tiempos habla de una de las lecciones más honestas de la montaña: llegar no siempre significa hacerlo rápido. A veces la victoria consiste en escuchar el cuerpo, mantener la cabeza firme y dar un paso más cuando cada metro parece pesar el doble. Francesc y Miguel Ángel emplearon más tiempo, pero su imagen en Uhuru Peak posee exactamente la misma fuerza que la del primer grupo: la de quienes no abandonaron el sueño.

 

Detrás de los seis integrantes del Margalló hubo además una estructura humana imprescindible. La expedición contó con tres guías, dos cocineros y porteadores, hasta completar un equipo local de 25 personas dedicado a acompañarlos durante la ruta. El despliegue sorprendió a los propios montañeros, que salen de la experiencia con un agradecimiento profundo hacia quienes hicieron posible la ascensión.

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Guías, cocineros y porteadores formaron un equipo local de 25 personas que acompañó a los seis montañeros durante la travesía.

 

“Todas fueron súper amables y estuvieron pendientes de cualquier cosa. Realmente, la gente es maravillosa”

MIGUEL ÁNGEL SOLIVERES

 

Ese reconocimiento amplía el relato más allá de la fotografía de la cima. El Kilimanjaro fue un logro de los seis montañeros, pero también una experiencia compartida con las personas que marcaron el camino, prepararon las comidas, trasladaron el material y estuvieron atentas a cada necesidad en un entorno donde cualquier detalle cuenta.

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Cuando por fin apareció el cartel de Uhuru Peak, el cansancio acumulado encontró su respuesta. Allí estaban el nombre del Kilimanjaro, la cifra de los 5.895 metros y la certeza de haber alcanzado el punto más alto de África. Allí estaban también los abrazos, las sonrisas agotadas y la bandera del Margalló, testigo de un sueño personal convertido en orgullo colectivo.

 

 

Las dos fotografías de llegada (en la imagen destacada de esta noticia) cuentan juntas la historia completa. En una aparecen Katrin, José, Andreu y Adrián, que alcanzaron primero la cumbre. En la otra, Francesc y Miguel Ángel, después de una progresión más larga. Separadas muestran dos tiempos; unidas muestran lo verdaderamente importante: los seis llegaron.

 

El Margalló celebra así sus cincuenta años de una forma difícil de imaginar más simbólica. Desde las montañas de la Marina Alta hasta el techo de África, el club ha trazado una línea hecha de esfuerzo, compañerismo y amor por la naturaleza. Y en el extremo más alto de esa línea queda ya para siempre el Kilimanjaro.

 

Porque hay cimas que se alcanzan con las piernas, pero permanecen en la memoria por todo lo que significan. Para Katrin, José, Andreu, Adrián, Francesc y Miguel Ángel, Uhuru Peak será la altura de un sueño cumplido. Para el Grup de Muntanya Margalló de Benissa, será también una de las imágenes más poderosas de sus primeros cincuenta años de historia.

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