la pugna entre el deber y el deseo es cruel
El querer o el deber
El dilema que se presenta cuando se desea hacer lo contrario de lo que
se debe es más frecuente de lo que parece en un principio. Quizá no sea
aventurado decir que la mayor parte de la gente opta siempre o casi
siempre por lo que desea hacer.
Otra cosa es que lo reconozca,
porque lo habitual es que quien toma una decisión se provee de un
arsenal de argumentos a favor. Algunos, ni eso. Y quizá esto último sea
lo más honrado. Buscar argumentos en pro de alguna cosa no es un
ejercicio muy honrado que digamos. Lo correcto sería indagar acerca de
la solución, no elegir primero la solución y buscar luego los caminos
que conducen a ella. O sea, lo característico es hacer lo que se quiere y
convencerse después de que se ha hecho lo que se debe. El autoengaño es
una característica humana de uso frecuente.
Si convenimos en que
el poder consiste en hacer lo que uno quiere y la autoridad en ceñirse a
lo que es debido, se entiende claramente eso de que el poder tiende a
corromper. Cuando uno ejerce la autoridad ocurre que tiene poder sobre
sí mismo, puesto que es capaz de resistir la tentación y hacer lo que le
corresponde.
A veces, la pugna entre el deber y el deseo es
cruel. Puede darse el caso de que esté implicada alguna persona querida,
como ocurrió en el caso de Guzmán el Bueno.
Y en estos tiempos en
que se rinde culto al poder convendría rescatar a la autoridad, que sólo
se puede conseguir mediante el esfuerzo y el mérito.
Se entiende
claramente que es más fácil y más divertido perseguir el poder, pero
resultan mucho más útiles a la sociedad quienes optan por la autoridad. Y
estropean menos cosas.
El dilema que se presenta cuando se desea hacer lo contrario de lo que
se debe es más frecuente de lo que parece en un principio. Quizá no sea
aventurado decir que la mayor parte de la gente opta siempre o casi
siempre por lo que desea hacer.
Otra cosa es que lo reconozca,
porque lo habitual es que quien toma una decisión se provee de un
arsenal de argumentos a favor. Algunos, ni eso. Y quizá esto último sea
lo más honrado. Buscar argumentos en pro de alguna cosa no es un
ejercicio muy honrado que digamos. Lo correcto sería indagar acerca de
la solución, no elegir primero la solución y buscar luego los caminos
que conducen a ella. O sea, lo característico es hacer lo que se quiere y
convencerse después de que se ha hecho lo que se debe. El autoengaño es
una característica humana de uso frecuente.
Si convenimos en que
el poder consiste en hacer lo que uno quiere y la autoridad en ceñirse a
lo que es debido, se entiende claramente eso de que el poder tiende a
corromper. Cuando uno ejerce la autoridad ocurre que tiene poder sobre
sí mismo, puesto que es capaz de resistir la tentación y hacer lo que le
corresponde.
A veces, la pugna entre el deber y el deseo es
cruel. Puede darse el caso de que esté implicada alguna persona querida,
como ocurrió en el caso de Guzmán el Bueno.
Y en estos tiempos en
que se rinde culto al poder convendría rescatar a la autoridad, que sólo
se puede conseguir mediante el esfuerzo y el mérito.
Se entiende
claramente que es más fácil y más divertido perseguir el poder, pero
resultan mucho más útiles a la sociedad quienes optan por la autoridad. Y
estropean menos cosas.

























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.175