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Última actualización: Viernes, 18 agosto 2017 12:51
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Vicente Bolufer
Viernes, 21 julio 2017
Artículo de opinión ciudadana

El principio del fin

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Hoy comenzaré mi artículo de opinión con unas palabras prestadas de un buen amigo que en estos días me comentó: “Esta mañana me encontré con una persona que en un tiempo no muy lejano me admiraba y pedía consejo. Cuando ha pasado se ha vuelto… y yo también. Le he dicho: - ¿Qué tal? Me ha respondido: - No sé si hablarte. Rápidamente he despejado su dilema. He dado media vuelta y he seguido mi camino”.

Tambores de guerra resuenan en los, llamémosles, mentideros de la administración local. Los rumores, suenan cada vez más alto. Pronto pasarán a formar parte de la actualidad informativa. Tiempo al tiempo.

 

Una olla a presión, cocina alimentos sanos, y se ahorra mucho tiempo y energía, pero conviene tener ciertas precauciones para prevenir graves accidentes. De todos conocido es que, estas ollas mal utilizadas pueden terminar explotando.  Y es que, los toros desde la barrera no se ven de la misma manera que en el ruedo. No olvidemos que la inexperiencia pasa factura.

 

Es sorprendente, “el cambio de chaqueta” de algunos individuos que como los camaleones se adaptan al nuevo entorno. De hecho, es tan rápido este fenómeno que ni la misma persona logra darse cuenta de que está sufriendo una metamorfosis.

 

Comprendiendo al enemigo

Todo lo anterior me ha recordado aquella parábola del insigne novelista Paulo Coehlo en la que narraba como una niña salvaba una serpiente a punto de morir:

 

- Me estoy muriendo – le dijo la serpiente -. Hace mucho frío y no hay nada que comer en esta montaña. Por favor, ¡protégeme! Ponme bajo tu abrigo, salva mi vida, y me convertiré en tu mejor amiga.

 

La niña como era de esperar salvó la vida al reptil.

 

Cierta noche, mientras la niña estaba haciendo los deberes de casa, sintió un dolor agudo en el pie derecho. Al mirar hacia abajo, descubrió a la serpiente, que la había mordido.

-¡Eres venenosa! – gritó - ¡Voy a morir en seguida!

La serpiente nada dijo.

¿Por qué me has hecho esto? ¡Yo te salvé la vida!

- Ese día, cuando te agachaste para salvarme, sabías que yo era una serpiente, ¿o no?

Y, lentamente, se alejó arrastrándose.

 

Por esto cuando mi amigo me comentó: “Esta mañana me encontré con una persona que en un tiempo no muy lejano me admiraba y pedía consejo. Cuando ha pasado se ha vuelto… y yo también. Le he dicho: - ¿Qué tal? Me ha respondido: - No sé si hablarte. Rápidamente he despejado su dilema. He dado media vuelta y he seguido mi camino”, rápidamente pensé en ese mordisco viperino, venenoso, que te desgarra el alma.

 

Las aguas bajan revueltas, turbias, poco transparentes en la administración y la prepotencia de algunos que se creen con la verdad absoluta no está ayudando a calmar los ánimos. Cuando el caudal baje con fuerza, ya nadie podrá pararlo.

 

Vicente Bolufer

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